☺ Mood: Nyappy n' Sleepy
♪ Listening: Tool - (?)
Tomé mi croquera y el atrofiado estilógrafo y garabateé alegre. Lo que escribí acerca del viaje del miércoles recién pasado lo traspaso a mi blog:

"Estoy nuevamente en este oloroso mar de gente y aunque ahora mismo me sumerja bajo tierra con este inquietante zumbido llenando mis oídos, estoy tranquila y me alegro de quienes me rodean -y aprisionan- por toda mi circunferencia sean mujeres, ¡qué más molesto que solo ver hombros duros y barbas en tan poco ameno viaje! y mejor omito las otras molestías que se pueden generar. Y además hay un plus: el grupo bullicioso que me acompaña (de cuales intengrantes con suerte conozco el color de pelo y de piel) me animan con sus alegres exclamaciones. Las bromas de las anchas señoritas logran sacarme más de una sonrisa y al menos media risa. Y entonces entre movimientos bruscos y pequeños empujones escuchamos el pitido de anuncio de las puertas que se abren.
- ¡Chuta la lesera! - Con su pequeño descargo descubro que le falta un diente y quizás una pastilla de menta.
- Disculpe, caballero. - Ojalá yo tuviera un tono tan vistoso y simpático para hablar.
Entre tanta cabeza alcanzo a leer el nombre de una de mis menos favoritas estaciones. El viaje se hace más cómodo cuando varias de las señoras seguidas de sus frondosas y alborotadas cabelleras luchan por salir por el angosto umbral, hasta salir por fin del recinto. Podemos todos los que quedamos aún adentro respirar mejor; aunque el viaje es ahora infinitamente más callado, si omitimos claro la música tropical que escucha un joven y que amablemente comparte con todos nosotros. Todos los días ves cosas nuevas en este lugar; y esta no es la ecepción, ¡qué tutifruti más surtido ofrece a nuestros sentidos el transporte público!
Me apoyo en la pared, mi chaqueta suena contra el plástico de los anuncios. Veo uno a mi derecha que ya conozco de memoria -ya que al parecer siempre coincido en tren y bagón-. Sonrío de medio lado al ver que no está rayado ahora; se ve mucho menos artístico hay que agregar, pero me gusta leer letras que entiendo rápidamente antes que esos garabatos echos con plumón.
Ahora volteo a mi izquierda. Y esta vez mi sonrisa ya no se disimula al ver que estoy junto a la puerta que da a la cabina del contuctor. Me asomo emocionada apoyando mis manos en ese vidrio que parece de Mercedez de presidente, la máquina en la que me transporto avanza a gran velocidad entre las entrañas de un oscuro y enorme laberinto, y en este momento contemplo su movimiento como su yo misma la pilotara. Hablando de pilotear, el "piloto" de esta gigante cuncuna -alto y delgado, disimulando su rapada cabeza con un hockey- simplemente mira hacía el frente con las manos apoyadas en el hermoso tablero. ¡Otro detalle adorable! el tablero lleno de botones, agujas, números y palancas es como el primo chico de un tablero de avión.
Fascinada como una niña pequeña lleno mi cabeza de datos inútiles: a la derecha del negro tablero hay dos botones importantes, uno negro detiene al tren y el otro verde activa la secuencia de anuncio de cierre de puertas, cierre de puertas y comienzo de marcha del tren. El tren tiene una aceleración pareja que alcanza más o menos al minuto los 60 kms/hr y en esa velocidad deja de acelerar. El conductor se asoma a ver el anden para ver cuando apretar el botón verde y cerrar las puertas. En medio del ya muchas veces mencionado tablero hay una radio con que el conductor anuncia las estaciones y el cierre de puertas.
Yo estoy entusiadísima viendo todo esto, pero pienso lo tedioso que debe ser para aquel hombre -y para todos los demás conductores y conductoras- aquél trabajo; todo el día el mismo trayecto, apretar botones y asegurarse de cerrar las puertas en su debido tiempo, no tener un paisaje para disfrutar (al menos en esa línea) o alguien para hablar.
La última estación de la línea era la mía. Me bajo con algo de desánimo, decidiendo que sin importar lo mucho que me llame la atención este ambiente, nunca buscaré atarme laboralmente a esto que tanto me gusta.
Salgo al oscuro exterior. Tomo entonces el bus, rodeada y apretujada entre la misma gente que me acompañó en el trayecto subterraneo. Y sentándome junto a un rechoncho hombre que me mira con curiosidad tomo mi croquera y mi atrofiado estilógrafo y garabateo sonriente las ideas que se vienen apareciendo allá arriba acerca del viaje de este miércoles para luego subirlas a mi blog."
Nota: Lo de mi cuaderno era bastante más corto y menos elaborado, pero a las 2:30 am a veces mi caprichosa musa me viene a visitar.
1 comment:
hola~~
^^ jajaja, me encantó. El metro...que ensalada de cosas, ne? xD aunque obviamente nos parece a veces incómodo otrora un gran alivio para nuestros pies, es relajante mirar de vez en cuando a las personas que nos rodean (entre nos, cuando era pendeja me imaginaba historias de lo más pintorescas para cada uno según la vestimenta y la expresión de su cara xD y aún hoy, cuando estoy más aburrida que caracol de pecera, lo hago x_x)
cuidate~ nos leemos luego
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